Como posgraduado en geriatría, el doctor Yuri Silva Portela señala que el debate en torno al envejecimiento saludable ha avanzado considerablemente en las últimas décadas, pero un aspecto de la salud integral de las personas mayores sigue siendo tratado con un silencio que tiene consecuencias clínicas reales: la sexualidad. La ausencia de un diálogo abierto sobre la vida sexual en la tercera edad no es solo una omisión cultural, sino también un problema de salud pública que compromete el bienestar físico, emocional y relacional de millones de personas.
En las próximas líneas descubrirá por qué este silencio tiene un costo clínico real y qué puede hacer la medicina para cambiar este escenario.
El prejuicio que se disfraza de normalidad
La idea de que el deseo sexual simplemente desaparece con la edad es una construcción social que carece de respaldo científico, pero que orienta silenciosamente tanto el comportamiento de las familias como la actuación de muchos profesionales de la salud. Los adultos mayores que expresan interés en mantener una vida sexual activa suelen enfrentarse a reacciones de extrañeza, infantilización o indiferencia, tanto dentro como fuera de los consultorios médicos. Este entorno hostil genera vergüenza, silencio y abandono de una dimensión legítima de la salud humana.
Según el doctor Yuri Silva Portela, tratar la sexualidad de las personas mayores como algo inapropiado constituye una forma de violencia simbólica que rara vez se reconoce como tal. El impacto de este prejuicio va más allá del ámbito afectivo, ya que la represión de la vida sexual está asociada con peores indicadores de salud mental, mayor aislamiento social y disminución de la autoestima, factores que interfieren directamente en la adherencia a los tratamientos y en la calidad de vida general.
¿Qué cambia fisiológicamente y qué sigue siendo posible?
El envejecimiento produce transformaciones hormonales y fisiológicas que afectan la respuesta sexual tanto en hombres como en mujeres. La disminución de los niveles de estrógeno en las mujeres puede provocar sequedad vaginal, molestias durante las relaciones sexuales y reducción del deseo. En los hombres, la disminución de la testosterona influye en la libido y en la función eréctil. Sin embargo, como explica el doctor Yuri Silva Portela, estas alteraciones pueden manejarse clínicamente y no representan el fin de la vida sexual, sino una transición que requiere adaptación y, cuando sea necesario, apoyo médico adecuado.

Lo que demuestra la ciencia es que las personas mayores sexualmente activas presentan, en promedio, mejores indicadores de salud cardiovascular, menor prevalencia de depresión y un mayor sentido de pertenencia e identidad. La intimidad física, incluso cuando no implica una relación sexual completa, activa circuitos neurológicos relacionados con el placer, la confianza y el vínculo afectivo, con efectos medibles sobre el sistema inmunológico y el estado de ánimo.
El silencio dentro del consultorio
Uno de los puntos más críticos señalados por los especialistas en geriatría es la ausencia de preguntas sobre sexualidad durante las consultas médicas rutinarias con adultos mayores. Los profesionales de la salud suelen evitar el tema por incomodidad personal, por asumir que el paciente no tiene interés o por falta de formación específica. Como resultado, las disfunciones sexuales tratables permanecen sin diagnóstico, las infecciones de transmisión sexual en personas mayores continúan infranotificadas y los pacientes nunca reciben la información de que este aspecto de la salud también merece atención.
Desde la perspectiva del doctor Yuri Silva Portela, incluir preguntas sobre la vida sexual en la anamnesis geriátrica no constituye una invasión de la privacidad, sino un ejercicio pleno de la medicina. El adulto mayor que siente que puede hablar sobre este tema con su médico tiende a desarrollar una relación más abierta y confiada con el cuidado de su salud, lo que repercute positivamente en todo su proceso terapéutico.
Educación, acogida y autonomía como pilares del cuidado
Transformar el enfoque de la sexualidad en la tercera edad exige cambios en múltiples frentes: en la formación de los profesionales sanitarios, en las políticas públicas dirigidas a las personas mayores y en la cultura familiar que rodea el envejecimiento. Más que tolerancia, lo que está en juego es el reconocimiento de la sexualidad como un derecho, un componente de la salud y una expresión de autonomía que no tiene fecha de vencimiento.
Como destaca el doctor Yuri Silva Portela, una medicina que cuida a las personas mayores de manera integral es aquella que no fragmenta al ser humano en sistemas aislados, sino que reconoce el deseo, la intimidad y el placer como partes constitutivas de una vida saludable en cualquier etapa. El objetivo de este artículo ha sido dar visibilidad a un tema que el silencio insiste en mantener invisible.
Autor: Diego Rodríguez Velázquez
