La devoción a Nuestra Señora ocupa un lugar central en la tradición de la Iglesia, pues conduce al misterio de la Encarnación y educa al fiel en la confianza total en Dios. José Eduardo de Oliveira e Silva resalta que María no es solo una figura simbólica, sino la Madre de Cristo y un modelo concreto de fe para todos los cristianos.
Al contemplar su vida y su respuesta al llamado divino, el cristiano aprende a confiar incluso ante la incertidumbre y a mantener la esperanza en medio de las pruebas. Por ello, la devoción mariana fortalece la espiritualidad, forma el corazón para la entrega confiada, ilumina la vida familiar y sostiene la perseverancia ante las dificultades del mundo actual.
¿Por qué María es modelo de fe para los cristianos?
En el relato del Evangelio, María aparece como aquella que escucha, acoge y responde al llamado de Dios. Su “sí” en la Anunciación, narrado en Lucas 1,38, representa la confianza total en la voluntad divina, aun sin comprender todos los detalles del plan de Dios. Desde esta perspectiva, el P. José Eduardo de Oliveira e Silva destaca que María enseña una fe vivida en lo cotidiano, marcada por la humildad, el silencio y la fidelidad.
Ella no realiza grandes discursos, sino que se entrega por completo a la misión que le fue confiada. Además, la vida de María muestra que la fe no elimina el sufrimiento. Desde el nacimiento de Jesús hasta la cruz, atraviesa pruebas profundas, pero permanece fiel, convirtiéndose en modelo de esperanza para todos los cristianos.
¿Cómo fortalece la devoción mariana la vida espiritual?
Según enseña el P. José Eduardo de Oliveira e Silva, la devoción a Nuestra Señora no sustituye la relación con Cristo, sino que conduce a ella. Desde los primeros siglos, los fieles han recurrido a la intercesión de María para crecer en la fe y en la confianza en Dios. Prácticas como el Rosario, las novenas y las consagraciones marianas ayudan al fiel a meditar los misterios de la vida de Cristo.
La devoción se convierte en una verdadera escuela de oración, en la que el cristiano aprende a contemplar el Evangelio con el corazón de María. Una devoción mariana bien vivida conduce a la conversión y a la fidelidad sacramental. De este modo, el amor a María no aleja de la Iglesia, sino que acerca al fiel a los sacramentos y a la vida comunitaria.

¿Cuál es el papel de María en la vida familiar?
La figura de Nuestra Señora ocupa un lugar especial en la espiritualidad de las familias cristianas. Es vista como madre, intercesora y modelo de virtudes domésticas, como la paciencia, el servicio y la confianza en Dios. En la visión de José Eduardo de Oliveira e Silva, la presencia de María en la vida familiar ayuda a crear un ambiente de oración y de caridad.
Cuando la familia reza el rosario o cultiva devociones marianas, fortalece sus vínculos y aprende a enfrentar las dificultades con fe. Además, María enseña a vivir el amor concreto, aquel que se expresa en gestos sencillos, en el cuidado de los demás y en la fidelidad diaria. Así, la devoción mariana contribuye a la construcción de hogares más unidos y espiritualmente firmes.
¿De qué manera María inspira esperanza en tiempos difíciles?
La vida de María estuvo marcada por momentos de dolor e incertidumbre, desde la huida a Egipto hasta la muerte de Jesús en la cruz. Aun así, permaneció fiel a la promesa de Dios, convirtiéndose en signo de esperanza para todos los cristianos. En este sentido, la devoción mariana ayuda al fiel a enfrentar sus propias cruces con confianza.
Al mirar a María, el cristiano recuerda que el sufrimiento no tiene la última palabra, pues la resurrección es el destino final de quienes permanecen fieles. De acuerdo con el P. José Eduardo de Oliveira e Silva, María es la mujer de la esperanza, porque creyó en la promesa divina incluso en las horas más oscuras. Su presencia espiritual continúa consolando y fortaleciendo a los fieles en todas las épocas.
¿Cómo cultivar una devoción mariana auténtica en el día a día?
Cultivar la devoción mariana no exige prácticas complicadas, sino constancia y sinceridad de corazón. Pequeños gestos, como rezar un Ave María, consagrar el día a Nuestra Señora o meditar los misterios del Rosario, ayudan a mantener viva esta relación espiritual. Además, la devoción auténtica a María siempre conduce a una vida más cercana a Cristo.
Quien ama a la Madre aprende a imitar sus virtudes y a seguir las enseñanzas del Hijo. Finalmente, la espiritualidad mariana se convierte en un camino sencillo y profundo de santidad. Por medio de la intercesión de María, el cristiano encuentra fuerza para perseverar en la fe, crecer en la caridad y vivir con esperanza, incluso ante las dificultades del mundo contemporáneo.
Autor: Diego Rodríguez Velázquez
