Según el empresario Sergio Bento de Araujo, la educación financiera es un tema cada vez más presente en el debate sobre la formación de los ciudadanos, ya que introducir nociones básicas de finanzas desde una edad temprana contribuye a tomar decisiones más responsables a lo largo de la vida. Por lo tanto, cuando la escuela asume este papel formativo, se amplía el alcance del aprendizaje más allá del aula, llegando a familias y comunidades enteras. Pero ¿cómo poner esto en práctica? En los próximos párrafos veremos cómo este proceso puede estructurarse desde los primeros años.
La educación financiera en las escuelas desde los primeros años
La educación financiera en las escuelas puede comenzar de manera sencilla, adaptada al lenguaje y a la realidad de los niños. En los primeros años de la educación básica, el enfoque no está en números complejos, sino en conceptos como intercambio, valor y responsabilidad. Además, al trabajar estos temas de forma lúdica, el aprendizaje se vuelve más significativo y conectado con la vida cotidiana de los alumnos.

Según el especialista en educación Sergio Bento de Araujo, cuando el niño comprende desde temprano la diferencia entre deseo y necesidad, comienza a desarrollar una relación más equilibrada con el consumo. Este entendimiento inicial contribuye a actitudes más conscientes en el futuro, evitando comportamientos impulsivos y promoviendo la planificación. En este contexto, la escuela actúa como mediadora de este aprendizaje, respetando el ritmo de cada grupo etario.
Asimismo, introducir la educación financiera desde temprano favorece el desarrollo de competencias socioemocionales. Pues al aprender a esperar, ahorrar y compartir, el alumno también trabaja la paciencia, la empatía y la cooperación. Estos valores refuerzan la formación integral, mostrando que las finanzas no se limitan únicamente al dinero, sino a las elecciones y consecuencias involucradas, como comenta Sergio Bento de Araujo.
¿Cómo introducir conceptos financieros de forma práctica en el aula?
La introducción de la educación financiera puede realizarse mediante actividades sencillas y contextualizadas. Juegos, simulaciones y proyectos colectivos ayudan a los alumnos a comprender conceptos que, a primera vista, parecen abstractos. Al experimentar situaciones cercanas a la realidad, el aprendizaje se vuelve más concreto y duradero, como destaca el empresario Sergio Bento de Araujo. Dicho esto, las metodologías prácticas favorecen la internalización del conocimiento, ya que el alumno comienza a encontrar sentido en lo que aprende.
Este enfoque también estimula el diálogo y el intercambio de experiencias entre los estudiantes. Teniendo esto en cuenta, entre las estrategias más utilizadas, algunas se destacan por su facilidad de aplicación y buenos resultados. A continuación, presentamos algunos ejemplos de prácticas que pueden adaptarse a la realidad de cada escuela y grupo etario:
- Simulaciones de compra y venta: actividades que utilizan dinero ficticio ayudan a comprender precios, cambio y límites de gasto.
- Proyectos de ahorro colectivo: propuestas en las que la clase define un objetivo común y planifica cómo alcanzarlo refuerzan la noción de planificación.
- Debates sobre consumo consciente: conversaciones guiadas sobre publicidad, necesidad y elección estimulan el pensamiento crítico.
- Integración con la familia: tareas sencillas realizadas en casa amplían el aprendizaje más allá de la escuela.
Estas prácticas demuestran que la educación financiera puede trabajarse de forma accesible, sin requerir recursos complejos. Al finalizar estas actividades, los alumnos tienden a mostrar mayor autonomía y conciencia respecto a sus propias decisiones.
El papel de los educadores y de la comunidad en este proceso
Los educadores desempeñan un papel central en la implementación de la educación financiera en las escuelas. Son ellos quienes traducen conceptos técnicos a un lenguaje accesible, respetando el contexto social de los alumnos. Para ello, es importante que también reciban formación adecuada y apoyo institucional.
De acuerdo con el especialista en educación Sergio Bento de Araujo, la participación de la comunidad escolar fortalece los resultados de esta iniciativa. Pues cuando familia y escuela avanzan juntas, el alumno percibe coherencia entre lo que aprende en el aula y lo que vive en casa. Esta continuidad hace que el aprendizaje sea más efectivo y natural.
Los caminos hacia una formación financiera consciente
En última instancia, la educación financiera en las escuelas representa una inversión a largo plazo en la sociedad. Porque al comenzar desde temprano, la escuela contribuye a formar individuos más conscientes, críticos y responsables en relación con el uso del dinero. Este aprendizaje no se limita a la vida financiera, sino que impacta decisiones personales, profesionales y sociales a lo largo del tiempo.
De este modo, cuando los conceptos financieros se introducen de manera gradual y contextualizada, el alumno desarrolla autonomía y seguridad para afrontar elecciones futuras. Así, la educación financiera deja de ser un tema distante y pasa a integrarse en la formación integral, preparando a las nuevas generaciones para una relación más equilibrada con los recursos y las oportunidades.
Autor: Yuri Korolev
