El Dr. Vinicius Tadeu Sattin Rodrigues, médico radiólogo y exsecretario de Salud, explica que durante mucho tiempo comprender el comportamiento de un cáncer dependió casi exclusivamente del análisis realizado después de la biopsia. Era el estudio del tejido extraído del paciente el que revelaba información como el grado de diferenciación, la velocidad de crecimiento y el potencial de propagación de la enfermedad. Sin embargo, en los últimos años esta lógica ha comenzado a cambiar. Gracias a los avances en el diagnóstico por imagen, los investigadores han demostrado que las propias imágenes pueden contener información capaz de anticipar características biológicas del tumor, abriendo el camino hacia una medicina cada vez más precisa y personalizada.
Los estudios como la resonancia magnética ya no sirven únicamente para localizar una lesión. Actualmente, diferentes técnicas permiten evaluar aspectos relacionados con la arquitectura celular, la vascularización, el metabolismo y la heterogeneidad tumoral. Aunque la biopsia sigue siendo indispensable para confirmar el diagnóstico, la radiología moderna ha comenzado a ofrecer biomarcadores de imagen que ayudan a estimar, de manera no invasiva, cómo tiende a comportarse un determinado tumor incluso antes de iniciar el tratamiento.
El comportamiento de un tumor va mucho más allá de su tamaño
Durante muchos años se creyó que los tumores más grandes eran necesariamente más agresivos. Hoy se sabe que esta relación es mucho más compleja. Dos tumores de dimensiones similares pueden presentar velocidades de crecimiento completamente diferentes, responder de manera distinta a los tratamientos y tener riesgos muy variados de recurrencia o diseminación.
Esta diferencia está relacionada con la denominada heterogeneidad tumoral, un concepto que describe la enorme diversidad biológica existente entre los tumores y, en muchos casos, dentro de un mismo tumor. Algunas regiones pueden presentar una alta proliferación celular, mientras que otras contienen áreas de necrosis, fibrosis o distintos patrones de vascularización. Precisamente esta complejidad impulsa el desarrollo de métodos capaces de extraer de las imágenes información que va más allá de la anatomía.
¿Cómo ayuda el coeficiente ADC a revelar la densidad celular del tumor?
Una de las herramientas más estudiadas en la actualidad es el coeficiente de difusión aparente (ADC, Apparent Diffusion Coefficient), obtenido mediante resonancia magnética con secuencia de difusión. Este parámetro mide la capacidad de movimiento de las moléculas de agua dentro de los tejidos. Aunque pueda parecer un concepto alejado de la práctica clínica, proporciona pistas importantes sobre la organización microscópica de las células.
Según el Dr. Vinicius Rodrigues, los tumores con alta densidad celular suelen restringir el movimiento del agua entre sus estructuras, produciendo valores más bajos de ADC. En diversos estudios, esta característica se ha asociado con neoplasias de comportamiento más agresivo. Por otro lado, las lesiones menos densas o que responden al tratamiento pueden presentar un aumento de estos valores durante el seguimiento. De este modo, el ADC no sustituye al análisis histopatológico, pero añade una capa de información funcional que contribuye a la evaluación clínica.
¿Qué revela la perfusión sobre la biología del cáncer?
Otra técnica que ha ganado relevancia es la resonancia magnética con estudio de perfusión, capaz de analizar cómo circula la sangre dentro del tumor después de la administración de contraste. Como los tumores necesitan formar nuevos vasos sanguíneos para crecer, proceso conocido como angiogénesis, el patrón de captación y eliminación del contraste puede aportar información importante sobre su actividad biológica.

Las lesiones altamente vascularizadas suelen presentar un comportamiento diferente al de aquellas con menor irrigación sanguínea. El análisis de estos parámetros permite evaluar características relacionadas con el suministro de oxígeno, la permeabilidad de los vasos e incluso la respuesta a los tratamientos oncológicos. En algunos escenarios, esta información ayuda a monitorear tempranamente la eficacia de la terapia, muchas veces antes de que se produzca una reducción significativa del tamaño del tumor.
La radiómica está enseñando a las computadoras a encontrar patrones invisibles para el ojo humano
Incluso para un radiólogo experimentado, parte de la información presente en una imagen permanece imperceptible a la observación visual. En este contexto surge la radiómica, un área de la inteligencia artificial que utiliza algoritmos para extraer cientos de características cuantitativas de las imágenes médicas. Entre ellas se encuentran patrones de textura, distribución de píxeles, heterogeneidad, forma, intensidad de la señal y relaciones espaciales imposibles de evaluar únicamente mediante la percepción humana.
Como explica el Dr. Vinicius Tadeu Sattin Rodrigues, los investigadores estudian si estos datos pueden funcionar como biomarcadores de imagen capaces de predecir la agresividad tumoral, el riesgo de recurrencia, la respuesta a la quimioterapia e incluso determinadas alteraciones genéticas. Aunque muchas de estas aplicaciones todavía se encuentran en fase de validación científica, los resultados demuestran que la radiología avanza hacia un enfoque mucho más cuantitativo y personalizado.
¿Pueden los biomarcadores de imagen cambiar la forma en que se trata el cáncer?
Los biomarcadores utilizados tradicionalmente en oncología se obtienen a partir del análisis de la sangre o del tejido extraído mediante biopsia. Sin embargo, en los últimos años las imágenes médicas han comenzado a ser reconocidas como una fuente adicional de información biológica. En lugar de mostrar únicamente dónde se encuentra el tumor, comienzan a revelar cómo funciona.
Según la evaluación del Dr. Vinicius Rodrigues, la integración entre biomarcadores de imagen, datos genéticos, inteligencia artificial y medicina de precisión transformará la planificación terapéutica en los próximos años. El objetivo no es sustituir la biopsia, sino complementar la información disponible para que cada paciente reciba un tratamiento cada vez más individualizado, basado no solo en el tamaño de la lesión, sino también en su comportamiento biológico.
La radiología está dejando de solo observar para comenzar a interpretar la biología del cáncer
Los avances en física médica, informática y biología molecular están modificando el papel del diagnóstico por imagen. Si antes los estudios se utilizaban principalmente para localizar y medir tumores, hoy comienzan a ofrecer indicios sobre procesos microscópicos que anteriormente solo podían evaluarse en el laboratorio. Esta transformación acerca la radiología a la medicina de precisión y amplía su papel en la toma de decisiones clínicas.
Para el Dr. Vinicius Tadeu Sattin Rodrigues, esta evolución representa uno de los cambios más importantes de la oncología moderna. A medida que técnicas como el ADC, la perfusión, la radiómica y los biomarcadores de imagen se consolidan en la práctica clínica, los estudios dejan de ser simples fotografías de la anatomía y pasan a funcionar como herramientas capaces de revelar aspectos del comportamiento biológico de los tumores, contribuyendo a diagnósticos más completos y tratamientos cada vez más personalizados.
