Hace algunos años, era difícil asistir a una conferencia de tecnología sin encontrar una ponencia que prometiera que la Automatización Robótica de Procesos (RPA, por sus siglas en inglés) eliminaría la necesidad del trabajo manual repetitivo en prácticamente cualquier empresa. Rolando Bonaccorsi, especialista en gestión de operaciones de TI y excelencia en servicios, señala que esa promesa solo se cumplió parcialmente, y que las razones detrás de esa diferencia enseñan más sobre gestión que sobre tecnología.
Superada la etapa de entusiasmo inicial, el mercado alcanzó una comprensión más realista sobre dónde la automatización robótica realmente aporta un valor constante y dónde terminó convirtiéndose en una solución aplicada al problema equivocado. Las empresas que lograron superar esa curva de expectativas suelen compartir patrones similares al decidir cuándo automatizar y cuándo no vale la pena hacerlo.
¡Dónde el RPA sigue siendo indispensable!
Los procesos altamente repetitivos, basados en reglas claras y que involucran sistemas sin interfaces modernas de integración, continúan siendo el terreno natural del RPA. Tareas como la conciliación de datos entre sistemas heredados, el llenado de formularios estandarizados y la generación de informes recurrentes siguen ofreciendo resultados consistentes, precisamente porque no requieren un juicio contextual complejo.
Para Rolando Bonaccorsi, la permanencia del RPA en estos escenarios específicos explica por qué esta tecnología no desapareció, incluso con la llegada de herramientas más sofisticadas de inteligencia artificial. En entornos con sistemas heredados difíciles de reemplazar, el robot de software sigue siendo el puente más práctico entre procesos antiguos y las necesidades operativas actuales.
Dónde el RPA se convirtió en un parche costoso
Muchas empresas implementaron RPA para automatizar procesos que, en realidad, necesitaban ser rediseñados o eliminados. Automatizar un flujo de aprobación burocrático e innecesario solo transfiere la ineficiencia a un robot, que continúa ejecutando etapas que nunca deberían haber existido, ahora bajo una apariencia engañosa de eficiencia tecnológica.
Según Rolando Bonaccorsi, este patrón explica buena parte de la frustración experimentada por empresas que invirtieron fuertemente en RPA sin obtener el retorno esperado. El robot cumplió exactamente su función: automatizar un proceso. Sin embargo, el proceso en sí nunca debió mantenerse de esa manera. En este caso, el problema nunca estuvo en la tecnología.
La convivencia entre el RPA y la inteligencia artificial
En lugar de sustituir por completo al RPA, la inteligencia artificial ha ampliado su alcance, permitiendo que los robots gestionen variaciones que antes eran tratadas como excepciones y requerían intervención humana. Un robot combinado con procesamiento de lenguaje natural, por ejemplo, puede interpretar documentos no estructurados que antes bloqueaban cualquier automatización basada únicamente en reglas fijas.
Rolando Bonaccorsi, como ejecutivo de operaciones y delivery en tecnología, afirma que esta combinación, conocida en muchos casos como automatización inteligente, representa la evolución natural del RPA original y no su reemplazo. Las empresas que comprenden esta continuidad evitan el error de descartar las inversiones ya realizadas en RPA, integrándolas con capas más avanzadas de inteligencia artificial en lugar de comenzar desde cero con cada nueva ola tecnológica.
Mantenimiento: el costo invisible que pocos contemplan
Un robot de RPA depende directamente de la estabilidad de las interfaces de los sistemas que automatiza. Cualquier actualización visual o estructural en una de esas interfaces puede hacer que el robot deje de funcionar correctamente, generando necesidades de mantenimiento que rara vez son consideradas de forma adecuada durante la planificación inicial del proyecto.
Rolando Bonaccorsi recomienda que toda propuesta de automatización incluya, desde el principio, una estimación realista del esfuerzo de mantenimiento continuo y no solo del costo de implementación. Las empresas que ignoran este componente suelen descubrir, meses después, que el robot requiere más tiempo del equipo para mantenerse operativo que el que demandaba originalmente el proceso manual.
La madurez que el mercado ha alcanzado respecto al RPA después de la euforia inicial no ha disminuido el valor de esta tecnología; simplemente ha dejado más clara la diferencia entre aplicarla con criterio y hacerlo únicamente por seguir una tendencia. Las organizaciones que aún evalúan la automatización con este enfoque más riguroso siguen obteniendo resultados sólidos, lejos de las promesas exageradas de los primeros años de popularización de la herramienta.
En definitiva, la enseñanza más duradera de esta etapa quizás no esté relacionada con la tecnología en sí, sino con la disciplina necesaria para evaluar cualquier nueva herramienta con criterios claros sobre dónde realmente resuelve un problema, en lugar de limitarse a ocultarlo bajo una capa adicional de automatización.
