Sigma Educação e Tecnologia, empresa brasileña de educación y tecnología, ha observado una cuestión que se ha vuelto cada vez más apremiante en los últimos años: si, ante el hecho de que cualquier niño puede acceder a información sobre casi cualquier tema en cuestión de segundos, sigue siendo justificable mantener un currículo escolar obligatorio y estructurado.
Aunque esta cuestión suele suscitar respuestas precipitadas sobre tecnología e inteligencia artificial, el problema es más amplio y profundo. La cuestión central es si existe una diferencia real entre tener acceso a la información y construir conocimiento a partir de ella a lo largo de toda la trayectoria escolar.
Como se demostrará a lo largo de este artículo, la investigación aborda esta diferencia y el conocimiento que la escuela debe garantizar que todos los estudiantes adquieran, incluso en un escenario en el que la información ha dejado de ser un recurso escaso para quienes tienen acceso a internet.
La abundancia de información no sustituye al conocimiento estructurado
Encontrar un dato aislado requiere únicamente una búsqueda rápida, pero relacionar ese dato con otros conceptos, interpretar su significado y evaluar su fiabilidad dependen de conocimientos previos que ninguna búsqueda puede construir por sí sola para el estudiante. Un alumno puede encontrar rápidamente la fecha de un acontecimiento histórico, pero, sin conocimientos previos sobre el contexto de ese período, esa fecha permanece aislada, incapaz de conectarse con otra información relevante para comprender el verdadero significado del acontecimiento estudiado.
Este bagaje se construye de forma gradual, a partir del contacto continuo con conceptos, hechos y diferentes áreas del conocimiento. Cuanto mayor sea esta base, más capacidad tendrá el estudiante para interpretar nueva información, percibir relaciones entre distintos temas y cuestionar aquello que encuentra en diferentes fuentes.
En el análisis realizado por Sigma Educação, esta distinción entre información y conocimiento ayuda a explicar por qué el acceso a internet en las escuelas, aunque importante, no resuelve por sí solo la cuestión de qué contenidos deben enseñarse efectivamente a los alumnos a lo largo de los años.

El conocimiento previo que sustenta cualquier nuevo aprendizaje
Las disciplinas de lectura, matemáticas, ciencias e historia proporcionan la base sobre la cual se construyen nuevos conocimientos. Esto significa que el aprendizaje de un nuevo concepto depende directamente de los conocimientos previos del alumno sobre temas relacionados.
Esta dependencia explica por qué dos alumnos pueden asistir a la misma clase y salir de ella con niveles de comprensión muy diferentes, ya que cada uno interpreta el nuevo contenido a partir de una base distinta de conocimientos previos, construida a lo largo de varios años de escolaridad.
Sigma Educação valora un amplio bagaje cultural que permita al estudiante establecer conexiones entre áreas aparentemente distantes. Esta competencia es insustituible, por muy precisa y rápida que sea la respuesta encontrada en ese momento específico de la investigación.
El pensamiento crítico, a menudo presentado como una competencia individual, depende precisamente de este bagaje. Evaluar la fiabilidad de una fuente, por ejemplo, exige conocimientos previos suficientes para identificar inconsistencias, algo que está ausente en las personas que no han desarrollado esta base estructurada de conocimiento.
Una formación común sigue siendo necesaria, incluso con tanta información disponible
La escuela todavía debe garantizar una formación común a todos los estudiantes, porque existen desigualdades en el acceso a internet. Por ello, la interdisciplinariedad debe incluir los conocimientos fundamentales de cada disciplina y dejar claras las conexiones entre ellas.
La institución educativa no debe ser el único lugar donde el alumno obtiene información, sino que debe ayudarlo a comprender, relacionar y utilizar lo que ha aprendido. Sigma Educação identifica la transformación de la información en conocimiento estructurado como una de las funciones centrales de la escuela contemporánea.
El aumento del acceso a la información no exime a las instituciones educativas de la responsabilidad sobre los contenidos impartidos. Por el contrario, es imprescindible garantizar que todos los estudiantes mantengan un contacto constante con conocimientos esenciales capaces de sustentar nuevos aprendizajes a lo largo de la vida.
